Fui a bien-decir un nuevo espacio de Coyoacán, el Centro Cultural La Mano, bajo la visión de una querida amiga y colega, Jessica Rodarte. Hablo sobre «las manos» que se tienden en la industria.

Es curioso que el nuevo centro cultural de Jessica se llame la Mano, ya que ella siempre me ha tendido una mano.

Desde su rol como gestora cultural, no solo ha sabido abrirme la puerta de los espacios que coordinaba, sino que más de una vez me ha contactado gente de su parte y bajo su recomendación. Y fueron contactos importantes desde el punto de vista vincular, profesional y de feeling. Siempre le agradezco que su boca pronuncie mi nombre. Debe ser porque su pulso resuena con mi pulso. No nos mueve el deber, no nos mueve el compromiso: nos movemos en la libertad.

Jessica es poeta, por eso mi alma la abraza. Poetas unidas jamás serán vencidas.

Nos vemos poco, sin embargo, estamos constantemente en el radar. Yo la nombro cuando me preguntan por espacios donde tocar, ella me nombra cuando le preguntan por artistas. Yo le tengo fe y ella me tiene fe. Y bajo el cielo de la fe, danzamos.

¡Vivan las amistades del camino, las flores del camino, y el mismísimo camino!

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